“Más allá de las etiquetas”

Todos somos genios, pero si juzgas un pez por su habilidad para trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil. Albert Einstein.


Es una realidad que se vive día a día en diferentes familias e instituciones educativas. Hacen falta más que unos ojos de carácter académico y las expectativas de cada familia para descubrir el verdadero potencial de cada uno de sus integrantes.

Como bien lo decía Einstein, “todos somos genios”, basta con permitirse explorar nuevas cosas, con encontrar apoyo, con tener el ambiente propicio y estar rodeado de afecto para dejar fluir todas las capacidades que vienen en el paquete de herramientas de cada ser humano. Tristemente, no todos tienen la fortuna de contar con estos simples y fundamentales ingredientes.

En la película “Like stars on earth”, se cuenta la historia de Ishaan, un niño aventurero, disperso y muy brillante, afectado negativamente por una sociedad conformada por su propia familia, docentes y compañeros de estudio, que lo tachan de "vago”, “tonto”, “necio” y “distraído” … Etiquetas que llevaba cargando aproximadamente 9 años.

Lo que no sabían ellos, era la gran frustración que acompañaba a Ishaan, al no poder comprender las cosas de la misma manera que sus compañeros, la sensación de ver las letras bailado al tratar de leerlas y la confusión al intentar escribir de manera correcta, cuando su dislexia no le permitía hacer las cosas como los demás a su alrededor consideraban “bien hechas”. Así es, que un infante elige como mecanismo de protección el ser rebelde y decir “no quiero hacerlo” que defraudar a todos y aceptar que realmente no sabía cómo.

De esta manera, muchos niños como Ishaan, se enfrentan a un sistema educativo que no está preparado para sus particularidades, sino para formar masas que respondan de manera juiciosa y automática ante los diferentes estímulos de una sociedad que manipula. Y si miramos a los adultos de hoy, gran parte de ellos fueron educados de esta manera y crecieron siendo buenos en todo sin destacar en nada, o lo que es peor, aun no saben en que son buenos y se enfrentan a la vida con el fin de sobrevivir en lo que “les toca”. No obstante, utilizan los mismos mecanismos para criar a sus hijos, olvidándose de lo más importante: la presencia, la empatía y el educar desde el amor.

¡Que el adulto tiene la razón! Eso nos dicen cuando somos niños, pero pocas veces tenemos la sensibilidad de ver a los niños como maestros, de ponernos a su nivel, de ver el mundo desde sus ojos, de entender su dolor y de encontrar aquello que los motiva.

Afortunadamente hoy, unos cuantos se esfuerzan por hacerlo bien, hablo tanto de padres como de maestros, y muy seguramente se sentirán identificados con Ram Shankar Nikumbh, el maestro que llega para darle un giro a la vida del niño, para ver en él, lo que nadie se había atrevido a ver antes, para ver su dolor entre las burlas, la presión y las etiquetas, para dar un poco más de su tiempo y sacar brillo a la piedra preciosa que ya lo había perdido y se había creído el cuento de no ser bueno para nada.

Te invito en estos días de tiempo en casa, a ver y reflexionar un poco con esta hermosa película dirigida por Aamir Khan, la cual me ha sensibilizado y me invita a seguir sembrando semillas en padres, docentes y niños.



Katherine Moncada Soto

Coach Infanto juvenil y de Familia

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